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sábado, 12 de abril de 2008

En el balcón

Desde mi balcón, apoyado en la fría barandilla del negro yerro, contemplo a las gentes ir y venir con más o menos prisas, con más o menos calma. El último cigarrillo del paquete vuela hasta mis manos, como adivinando mis intenciones. Él solo se enciende y, de repente, me doy cuenta que estoy fumando. ¡Maldito tabaco! Está acabando con mis pulmones y con mi dinero. A ver si consigo dejar de fumar con la ayuda de algún médico, acupuntura o yo qué sé. Aunque verbalmente fusilo a la madre que parió a los que están en contra del tabaco. 

Exhalo el humo de cada calada, como si fuera la última, como si fuera el último cigarrillo de mi vida. Como si fuera a perder la vida. 

Comienza a caer la tarde. Los pajarillos regresan a sus nidos en un jolgorio diario de fiesta. Para ellos todos los días son fiesta. O tal vez todos los días sean laborables. No se, habría que preguntarles a ellos. En el fondo me da igual. En el fondo, y no tan en el fondo, a quien les da igual es a ellos. ¡Y qué más da, si ni siquiera saben lo que es un día de fiesta o laborable! Lo único cierto de todo esto es que van y vienen; vienen y van al amanecer y al anochecer, al anochecer y al amanecer. ¡Lo que es no tener nada que hacer!... O dicho de otra forma: Lo que es tener que hacer cosas y no apetecerte hacer nada. Sobre todo esta tarde, aquí, en el balcón, contemplando la calle, más bien, escudriñando hasta los adoquines por ver si regresa.

Comienzan las farolas a fabricar sombras. El suelo mojado de la lluvia anterior golpea la luz y la rechaza.

¡Necesito su compañía...! 

Si yo fuera agua en los adoquines mojados, subiría por la luminosidad de la bombilla de cada farola y me abrazaría a su luz y me las comería a besos... Allí, al calor de su corta vida, nos contaríamos nuestras soledades, para yo terminar convirtiéndome en vapor, subir al infinito y rodearme de ángeles... Allí no estaría en soledad. 

¿Cómo serán los ángeles? ¿Serán regordetes, rubios y con el pelo ensortijado? ¿Serán como yo, como los seres terrestres, o vestirán túnicas blancas, radiantes y con alas de algodón?...¿Serán luces blancas, inimaginables, no visibles a la retina pero si a los ojos del alma? ¿Serán los ángeles quienes nos impulsan a obrar el bien? ¿Quién nos impulsa a obrar el mal? 

Sigo sin ver su presencia. Las farolas o no alumbran lo suficiente o es que no aparece. 

Y sigo aquí, en soledad. 

Ya acabé el cigarrillo hace rato y no me queda más tabaco. Me gustaría que alguien mirara hacia arriba y me preguntara: “Eh!, amigo! ¿quiere que le compre un paquete de tabaco aquí en el estanco de la esquina?”... Soñar no cuesta nada. Bueno, sí que cuesta. Cuesta abrir la ventana de la imaginación, la ventana de los gustos y apetencias personales (me refiero a soñar cosas agradables). Cuesta abrir la ventana de las esperanzas olvidadas porque, de tanto esperar, se desesperó la esperanza. Cuesta abrir el mundo real de la fantasía y cerrar la fantasía de la realidad. Cuesta cerrar los agravios de ida y vuelta, los que lanzo y los que recibo. Cerrar, cuesta, el mundo de lo que no quiero, y cuesta abrir el “de lo que sé que no quiero”...

¡Tanto abrir y cerrar! Me voy a resfriar. 

Y sigo en esta soledad que me aprieta hasta las ganas de vivir. Que tengo miedo de que, de tanto apretar, se canse y me abandone también ella. Y si la vida también se me marcha, ¿qué me queda? ¿Tal vez los angelitos?

¡Allí, acaba de doblar la esquina y viene hacia aquí! ¿Podría ser...? No, no es su silueta, además, los gorros de lana no los soporta. No van con su personalidad. ¡Con lo que me gustan a mí! 

El estar aquí, con el frío recorriéndome los huesos, en vez de estar dentro al calor de la casa, es como si me auto exiliara, como si no pudiera haber un “uno” sin un “dos”, un “beso” sin un “abrazo”. Entrar a la casa es entrar en la oscuridad total. Una caja hermética, cerrada con siete llaves. Por lo menos, aquí afuera, el tiritar me recuerda que tengo vida. 

Diviso, calle abajo, las luces del puerto. Lánguidas, las farolas del malecón, aguardarán como todas las noches a sus "niñas". No quiero pensar en ellas.

Comienza a llover... a chispear más bien. Si continúo aquí, voy a terminar como una bufanda en la lavadora, sin centrifugar. Por cierto, tengo que llamar al técnico, que no me desagua. 

Desde esta perspectiva, los paraguas pasean sin dueño por la calle. Solos, como yo. Sin compañía, mas su suerte es que, precisamente, desde esta perspectiva les pùedo hacer de Celestina. ¡Mira, vamos a emparejar aquel rojo, con aquel otro a lunares! ¡Ojalá mi perspectiva asesinara mi soledad, y sonara el timbre de la puerta ahora mismo!... ¡Joder, si sonara ahora mismo, aquí afuera no lo oiría!... pero ¿qué estoy diciendo? Si lleva llave. ¡En fin!, mi sino es esperar y esperar hasta desesperar; pero esto último no lo quiero. 

No quiero desesperarme. La desesperanza es el nombre más feo que se le puede dar a la esperanza. Gumersindo, también es feo... pero Gumersindo puede ser la persona más feliz del mundo con ese nombre, mientras que “desesperanza” es perder la felicidad. Es la oscuridad con pequeños puntos de luz. Y la esperanza es la luz, con pequeños puntos de oscuridad. 

Comienza a apretar y el viento hace que llueva para adentro, o sea, que sin más remedio voy a tener que meterme en casa. ...¡...! Y si entro...No quiero oler nada suyo, porque me pondría peor. Y lo canalla del asunto es que, hace unos días, me llama por teléfono y me dice: “Cariño pronto estaré allí, en unos siete o diez días. No te llamo más, porque quiero darte una sorpresa. Te quiero. Adiós" Y, ¡hala, ya está y así se queda la cosa!... Y yo, aquí, ¡jodido en el balcón! 

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4 comentarios:

  1. Uy amigo, a veces las cosas son así... nos gustaría que estuviera con nosotros pero se resiste ;)

    No pares de esperar, pero haz algo que te ocupe la mente si?

    Besazos

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  2. No, no se resiste, es que, a la nena, le gustan las sorpresas... jejeje...
    Esperemos que cuando llegue, la sorpresa sea del nivel que se merece la espera... yuhuuu!
    Mira que si entonces, safresfriao el tio, y está con 40 de fiebre?!
    Besos.

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  3. como decía un bolero... "yo sé que volverá cuando amanezca, aún cuando los demás ya se hayan ido..."

    ... algo así...

    besiños,
    Aldabra

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  4. Aldabra, sí, y otra ´chunga que dice...
    "fumando espero..." jeje
    pero que regrese pronto, que el pobre va a pillar una cosa mala... y es que, en vez de irse con los colegas, el nota prefiere la espera en el balcón y pelarse de frio.

    Bicos

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