No, no. Y siento si es así como piensas, pero creo que te equivocas. Asumo mi parte de culpa por no haberte sabido entender en aquellos malos momentos de tu incertidumbre laboral, pero creo que es excesivo que te hayas marchado de casa de esta forma. Lo puedo entender, comprender, asumir... pero al igual que tu no aceptaste mi comportamiento, yo no acepto el tuyo. No es rencor, es que sigo pensando lo mismo que antes de marcharte y, recuerda que te fuiste porque no aceptabas mi forma de pensar.
Siento, también, que estés molesta conmigo y que no quieras saber nada de mí. Que hasta incluso me aborrezcas por lo que pensaste de bueno de mí, y se te haya ido todo al traste. Se te haya desmoronado como un castillo de cartas. Yo jamás he esperado encontrarte alitas en la espalda o una coronita sobre tu preciosa cabecita.
Debe doler mucho... por lo de los agujeros, digo... Sí, chiste fácil... perdón.
Bueno, después de todo, tres meses de convivencia bajo el mismo techo... tampoco es tiempo suficiente como para conocer verdaderamente a una persona, a pesar de los casi cinco años que nos tratamos, pero... claro... no es lo mismo convivir todos los días con esa misma persona...
Pensándolo bien, nada te debo, ni nada me debes (como dice la canción) Conocidos y de lejos... bueno, que de lejos, es un decir. Que tú sabes lo mucho que te aprecio... y te quiero... sí. Que lo que quiero decir es, que tú en tu sitio y yo en el mío, si así lo has decidido, y que si de todos mis defectos se pudiera destacar alguno, sería la sinceridad. Ya, ya lo sé: La sinceridad a veces, solo a veces, no es políticamente correcta. Y sabes que yo, jamás de los jamases, he sido políticamente correcto... sobre todo a nivel de sentimientos, del “tú a tú”... nunca jamás de los jamases. Pero también sabes perfectamente, que lo mismo que he lanzado una crítica, he sabido recibirla.
Sí que creo en el regalo de una palabra bonita, en el agasajo, en ofrecer la palabra como se ofrece una flor... con cariño y con buenos sentimientos hacia la otra persona. Nunca... y lo sabes de sobra... ¡nunca! ofrecer una palabra amable como si se compraran acciones de una compañía. Sí, soy así... Bueno, bueno, en el juego, en el jardín del mutuo conocimiento... ahí si que hay cabida para ciertas licencias, pero con cariño y sabiendo que la otra persona me conoce y sabe de mis bromas y tonterías... y viceversa. Anda... será que no te he gastado yo bromas, a sabiendas de que las interpretarías como verdades serias... jejeje... pero siempre te he descubierto la broma.
¡Por supuesto que puedo equivocarme! ¡Claro! Asumido lo tengo y siempre lo he dicho y siempre lo diré... Y siempre que la ocasión lo ha requerido, me he disculpado con todo mi sentimiento de haber dañado a la otra persona, porque, y también lo sabes, a mi carácter no le sienta nada bien el pastel amargo de la enemistad.
No sé, pero nuestra situación, la de ahora, me recuerda a cuando uno gasta bromas pero no le gusta que se las gasten a él... Ya digo, no sé, no sé... quizá esté equivocado. Quizás, no sea la mismica situación. De todas formas, ya sabes: “Dos no se pelean, si uno no quiere”... Y yo, no quiero.
Si no quieres reconciliarte conmigo... bueno, el mundo está lleno de sonrisas por todos lados... solo hay que levantar la cabeza y la vista de nuestro ombligo, y girar la cabeza hasta encontrarla... Si, sí... jejeje... como la niña del exorcista. Ya sabes que yo me conformo con poco... con recibir una o dos sonrisas al día... ó 3 millones... jeje.. No, no, que es broma.
Bueno, pues nada, que a mi bar puedes venir cuantas veces lo desees a tomarte unas copitas y esa tapa de pisto que tanto te gusta, y bienvenida serás... que tú lo sabes... y hasta te invitaré algún día que otro, que también sabes que no soy rencoroso.
Espero que cuando vaya por tu coquetona casa de comidas, no me eches veneno en el plato... jejeje.
Y que sepas, que no me arrepiento de todo el tiempo que hemos estado juntos... poco, que yo hubiera deseado más, pero bueno, qué le vamos a hacer.
Pues eso. Un gran beso.
Pd.: Te pido encarecidamente que me devuelvas el LP de Cat Steven (te for till man), y te lleves a tu gatoooo, que me está arañando toda la mecedora que era de mi abuela.
Vaya!...
Ahora mismo me peleaba contigo a tortazos, y después te comía a besos... que no por el sadomaso, no, sino por desahogarnos los dos. jejejeje... que a ti, tb. te hace falta.
Bueno, aprovechando una noche en que la luna llena esté pegadica al horizonte, saldré corriendo por su rielar y me refugiaré en sus cráteres hasta que salga el sol del nuevo día.
Gracias, cariño, porque sé que me devolverás el LP... verdad?... Verdad?!... vale... Ah!, te recuerdo tb. lo te tu gato... Que él, me maulló que podía irse solo a buscarte, pero yo le dije que, si no venías a por él en una semana, que consentiría en dejarlo.
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