El sol salió de nuevo como todos los días. Aquella oscura y húmeda mañana no traía buenos presagios. En aquel agujero solitario, solitario el hombre, intentaba endurecer su espíritu, su corazón, su voluntad.
-La soledad no es buena compañía -se decía así mismo mascullando– No es buena esta tensión por sobrevivir, por estar siempre escondido vagando de un lugar a otro, esquivando siempre a la muerte, viviendo de cueva en cueva, de bosque en bosque, defendiéndome de las alimañas y viviendo como ellas. No soporto esta calamidad de vida sin sentido. Tres meses llevo en soledad comiendo de lo que apenas cazo y mucho robo, en los pueblos por las noches. Hola, árbol. Hola, piedra. Hola nubes, cielo, lluvia, rocío, retama, espinos, tierra y barro… Hola luna y estrellas… Hola, soledad...
Aquella mañana, bajo una espesa lluvia que calaba hasta las mismísimas entrañas del alma, a las 08:15 a.m. de un día cualquiera del mes de diciembre de un año cualquiera, un hombre cualquiera caminaba en dirección a entregarse en el campamento del ejército enemigo, que no distaba mucho de donde había malvivido la última semana.
Bajo aquella manta de lluvia, una figura humana con el pelo hecho greñas y barba y bigote de varias semanas, vestido con un harapiento uniforme, avanzaba sonámbula y abstraída, con la mirada fija en la nada.
--¡Alto, quien va!
No hubo respuesta.
Un ¡Bang! sordo, adormecido por un impacto en el pecho, hizo arrodillar en el barro a aquel hombre de agua . Su cara se licuó en un charco, buscando sombras de muerte. Amaba tanto la libertad, que aquel amor le vino… tan grande…
-La soledad no es buena compañía -se decía así mismo mascullando– No es buena esta tensión por sobrevivir, por estar siempre escondido vagando de un lugar a otro, esquivando siempre a la muerte, viviendo de cueva en cueva, de bosque en bosque, defendiéndome de las alimañas y viviendo como ellas. No soporto esta calamidad de vida sin sentido. Tres meses llevo en soledad comiendo de lo que apenas cazo y mucho robo, en los pueblos por las noches. Hola, árbol. Hola, piedra. Hola nubes, cielo, lluvia, rocío, retama, espinos, tierra y barro… Hola luna y estrellas… Hola, soledad...
Aquella mañana, bajo una espesa lluvia que calaba hasta las mismísimas entrañas del alma, a las 08:15 a.m. de un día cualquiera del mes de diciembre de un año cualquiera, un hombre cualquiera caminaba en dirección a entregarse en el campamento del ejército enemigo, que no distaba mucho de donde había malvivido la última semana.
Bajo aquella manta de lluvia, una figura humana con el pelo hecho greñas y barba y bigote de varias semanas, vestido con un harapiento uniforme, avanzaba sonámbula y abstraída, con la mirada fija en la nada.
--¡Alto, quien va!
No hubo respuesta.
Un ¡Bang! sordo, adormecido por un impacto en el pecho, hizo arrodillar en el barro a aquel hombre de agua . Su cara se licuó en un charco, buscando sombras de muerte. Amaba tanto la libertad, que aquel amor le vino… tan grande…
Uy que no va de guerras, dice... Bueno, se encuentra en el marco de una seguramente, no?
ResponderEliminarDebió pensar que eso no era vida y no era ná, y qué más le daba ya todo...
Besos-Besicos, Guillermo!
Feliz finde!
Muy bien narrada esta historia, Guillermo, excelente!!
ResponderEliminarCariños!!!
duro relato nos compartes hoy.
ResponderEliminarEk hermitaño encontró una bala perdida que le llevó a la libertad total, aunque él lo ignorase.
No se puede pedir demasiado porque muchas cosas se cumplen.
Buen relato
Besicos Guillermo
Si como poeta no tienes precio, escribiendo relatos, no te quedas corto tampoco. Es de los que enganchan, de esos que te gustaría leer mas, saber mas de ese hombre que cayó muerto en un charco. Un beso
ResponderEliminarNota: Ando un poco fuera de la blogosfera, hay dias que ni siquiera tengo tiempo de encender el ordenador, pero sabes que me encanta leerte.
Ufff, según el relato, da la sensación que está metido en una guerra. El caso es que hulle de algo o de alguién, ya que va por su cuenta, pasa hambre frío etc, se refugia.
ResponderEliminarTiene el cansancio en su mente, más que eso diría, termina pensando que lo mejor sería entregarse a ese bando enemigo, sabiendo lo que pasaría.
Guillermo, felicidades, una narración que hace pensar, está llena de preguntas, en el que el lector hace volar la imaginación.
Me ha gustado muchísimo, escribes de maravilla.
Besicos
Ay, Guille... ¡qué pena!
ResponderEliminarDicen que la libertad bien vale la vida, pero yo creo que la vida no tiene precio porque su valor supera todo lo que podemos cuantificar...
Mientras hay vida, hay esperanzas, ilusiones, sueños, que aunque no se cumplan bien valen ser soñados.
Lo has relatado de tal manera que la imagen fue totalmente vívida y pesadumbrosa.
Besicos, Guille, ¡Buen fin de semana! :)
Me gustó ese final, los detalles, como lo narraste. Una delicia!
ResponderEliminarPrecioso micro, creo que no le falta nada, tampoco le sobra.
ResponderEliminarTriste y un poco inquietante porque ese amor a la libertad ¿siempre conduce al desastre?. Quizá si.
Bicos y buen fin de semana
Guille qué precioso, me ha encantado, de verdad.
ResponderEliminarte has ganado por lo menos dos besos de los gotdos
Jo, es muy bonito pero me ha dado mucha pena. Provocar un sentimiento con el texto justo es lo más grande que puede hacer un escritor. No hace falta saber más...se siente...
ResponderEliminar!Ay Guille, que bonito pero que triste!, a mí, me ha generado una tristeza con saborcillo agridulce, ya sabes, fifty-fifty... amor a la libertad, sí, pero también a la vida, porque si no ¿de que vale?.
ResponderEliminarUn besote corazón, uno bien gordito... cierro el ordenata -como tu dices- y me pongo otra vez a estudiar, que el lunes tengo examen!
Quizá morir por la libertad puede tener su sentido, pero matar por ella... es que no soy de matar...
ResponderEliminarBesicos
Suele ser muy alto el precio que hay que pagar por la libertad. No todos están dispuestos a pagarlo. Otros lo pagan sin querer. Qué complicada hacemos la vida!
ResponderEliminarUn abrazo.
Marpin y La Rana
quizas fue lo mejor por que lo que le quedaba...
ResponderEliminarPrecioso como siempre.
Guillermo, muy buen relato, el precio de la libertad es muy alto, a veces se paga con la muerte.
ResponderEliminarAmigo Guillermo: La libertad es sin duda el deseo más grande del ser humano en tu magnífico relato la libertad está escrita en una bala, a veces el sufrir es el precio que la libertad nos cobra.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Lourdes
ResponderEliminarSol
MarianG
Isabel
Ashia
Liliana
Carla
fonsilleda
Mángeles
LLONXANA
apm
MarpinRa
JuanA
Maripaz
JuanE
Muchas Gracias por vuestros comentarios, tanto a nivel personal, hacia mí, como sobre el texto.
Y sí, nos ponemos en el lugar del abuelo, y le decimos al zagalico que, esta historia, no es una historia de guerra. que hoy, ennuestra sociedad, tb podemos encontrarnos con historias así.
Ya todo depende, de la imaginación de cada lector.
Besibrazos.
La verdad es que considero que escucho buena música...aun que siempre se me escapa alguna canción que yo considero chorra je je
ResponderEliminarRespecto a lo de los videos le tengo que pedir ayuda a mamá :)
Tienes un premio en nuestro blog, pásate a recogerlo cuando quieras.
ResponderEliminarUn abrazo.
Maya...Sigue así... la música, eleva el espíritu.
ResponderEliminar:)
Besicos
MarpinRa...Muchas Gracias. Os lo agradezco.
Besibrazos.
es un relto muy muy bueno, me ha dejado impactada el final... es muy grande, tan grande como el amor que sobrevino al protagonista.
ResponderEliminarenhorbuena.
bicos,
Aldi...Gracias. Inspirado en una situación de Poncho... antes de liberar a los animales enjaulados, cuando se harta de que toda la vida sea una lucha.
ResponderEliminar:)
Besicos.
A veces el amor por la libertad te hace olvidarte de los peligros del camino. Todo en su justa medida. Los excesos nunca fueron buenos. Excelente texto Guillermo.
ResponderEliminarRecibe un abrazo muy grande
Belkis...O uno, ya sabe hacia donde va y lo que puede pasarle.
ResponderEliminar:)
Besicos.