Te sujeté por la cintura y te paré, en medio de aquel tumulto de gente que iba y venía como hormigas alocadas. Me miraste extrañada. –Hola– te dije. Tus ojos brillaron y una sonrisa de luz clara invadió mi vida desde entonces.
Sentí la vida
latiendo entre mis manos.
Descanso y paz.

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