Dicen, que hubo una vez un poeta
que en romance convirtió
la vida de “Curro el Palmo”.
Que a éste, sin su amada,
ancha le venía su cama.
...
Ancha, como vasta y amarga
la soledad que me embarga
en las noches que tú no estás.
Y ahora, tú no estás.
Triste y amarga noche.
Triste, como el laberinto triste
de mis ojos por tus ojos encontrar.
Amarga, como amarga
la risa del payaso,
de temblorosos labios,
en la soledad de un escenario
sin niños a quien ilusionar.
…..ooOoo…..

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