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En Mis Rincones (barra derecha, casi al final del todo, podrás encontrar los diferentes temas que trato.


viernes, 12 de junio de 2009

Hay Tantas Cosas En La Vida Por Las Que Nos Afanamos Y...



¿De qué le sirve tener al campo
el más bello árbol, 
si no hay, siquiera ,
un triste pájaro que lo alegre 
con su triste canción?

(Porque, cuando un pájaro canta, 
¿quién adivina si es de alegría
o de tristeza?) 

  .....ooOoo.....

miércoles, 10 de junio de 2009

Sensaciones





Fotos: Guillermo
Y aún así, a veces, ... más de las que suponemos o creemos, siempre hay una esperanza.

Gracias a todos por estar ahí... A ver si ya queda poquito.

lunes, 8 de junio de 2009

A Tí



Te quiero de muchas formas y maneras, pero aún más te amo, en tu debilidad.

viernes, 5 de junio de 2009

Viento Del Norte, Viento Del Sur



Poco a poco, 
léntamente, 
sin darse uno cuenta,
el brillo del sol desaparece. 
Y en esta oscuridad 
que de todo se apodera, 
el silencio se agudiza 
como gritos afilados. 

¡Silencio maldito que todo lo embarga, 

que todo lo envuelve! 

Soledad quieta y callada. 


Soledad, ya te conozco 

a pesar de tu canto tosco, 
a pesar del gélido aliento 
que a mis adentros mata. 

Es,

como si el frío Viento del Norte, 
aposentándose en el estío, 
plácidamente reinara 
y no marchase jamás. 

El viejo Viento del Norte, 

mis pensamientos reclama, 
mas a mi alma la rescata, 
el cálido Viento del Sur.

 .....ooOoo.....

Seguimos hospitalizados. Y parece ser que para bien entrada la próxima semana tb. Gracias por vuestros comentarios.- Besibrazos para tod@s

miércoles, 3 de junio de 2009

Tú... (y aún así...)



Cansado de tanto andar, 
allá, por la veredita abajo, 
junto al río descansé. 

El verde del campo 

me iluminó la mirada. 
Un trago de agua 
refrescó mi garganta. 
El canto alegre de los pájaros 
se entretejía con el perfume de las flores 
sosegando mi espíritu. 

Y aún así, me faltabas tú.


.....ooOoo.....

(Siento no poder visitaros... no sabéis hasta qué punto ... Ya, el publicar, me provoca un poco de complicación en el tiempo... Bueno, por vosotros. Gracias, gracias a todos por estar aquí... Esperemops que esta situación de enfermedad, dé un fruto bueno... Eso espero)

lunes, 1 de junio de 2009

Haiku 14

Tenencia ilícita de tus besos en mis labios, y tus abrazos, y nuestros cuerpos que susurran clandestinos nuestros nombres, aún, sobre las sábanas calientes. Maremoto incontenible gritando que te amo hasta la sima del océano embravecido. Hasta traspasar el magma por grabar tu nombre en el mismo centro de las entrañas de la tierra.



Suave perfume 
que a mis poros reclama 
siente mi alma

viernes, 29 de mayo de 2009

Del juicio que no se le hizo al Barón de Benifayó, por la desaparición de la Princesa Rusa.



ALGUACIL: ¡Se me levanten todos! ¡Entra el Sr. Juez Presidente de la Sala, D. Justicio Garrotez Vilgliotinez. 

JUEZ: ¿Quién es el reo y quién lo representa? 

BARÓN: Yo y yo 

JUEZ: ¡Vaya!... afán de protagonismo… Empezamos bien. Nombre, caballerete… nombre. 

BARÓN: Zoy D. Julio Falcó y D´adda, Barón de Benifayó y Zenador por Madrid.

JUEZ: Vale, venga. Prosigamos, alguacil. 

ALGUACIL: Al reo se le acusa de dar matarile a una princesa rusa. 

JUEZ: ¿Y el reo se declara…? 

BARÓN: Puez… 

JUEZ: ¡No!... No me lo diga: Inocente. 

BARÓN: Pozí, zeñó Juez P´dezidente. 

ALGUACIL: (en voz baja acercándose al barón).- ¡Quillo! 

BARÓN: No, lo que paza ez que tengo p´doblemaz de ponunziazión con la “ece” y con la “zé” 

ALGUACIL: ¡Ah! 

JUEZ: Dejen de cuchichear y al tajo, que tengo dentro de media hora una partida de saetas en la taberna del "Ahorcado Feliz". ¡Enga, empecemos”!... A ver, zeñor reo... digo, señor reo, ¿decía usted que se declaraba…? 

BARÓN: ¡Zí, zu zeñoría!: Inozente, pero que inozente del todo. 

JUEZ: Pues no lo veo yo tan claro. Quesque, las coplillas que se cantan por ahí… dicen todo lo contrario. ¿Eh, fanfarrón? 

BARÓN: ¿Y le va a hazé cazo uzté a lo que digan laz coplillaz de la gente, zeñó Jué? ¡Vaya con Dió con los juizioz padalelozzz! 

JUEZ: El pueblo ez… digo… es muy sabio y siempre sabe lo que se dice. 

BARÓN: ¡Y una miezzzzzzda! 

JUEZ: ¡Modere zu...suuu vocabulario, (joé con este zezeo) o me veré obligado a ahorcarlo yo mismo! ¡Enga, Enga… comience su alegato, que tengo prizzz... ¡joder!... prisa por irme a tomar unas birritas y jugarme la partida! 

BARÓN: Puez mide uzté, zeño Juez, quezque, la duza en cueztión, 

JUEZ: ¡Rusa!

ALGUACIL: (Zí, zí... grrrr... Sí, sí, ¿solo problemas con la "s" y la "c"?)

BARÓN: Ezo, duza... Poz como le dezía, eza duza, era tan bonica, tan lozana, tan coqueta, tan blanquica ella y tan dubica, que a mi ze me padecía un angelico bajao del zielo. Y pazó que, puez que me quedé p´dendao de ella na maz vedla. ¿E zezo un delito, zeñó Jué? Mi amó entedo le judé, pero la joía guiri ni puñetero cazo mazía. Mi hazienda y miz dinedozzz, miz criadoz, miz caballoz, la izla enteda y laz aguaz que la zidcundan… tó pa ella, tooo pa ella, ¡ala!... ¡tó pa ella que le ofrezí!… Pero ya digo, pod máz que yo le ofrezía, ella,  “podahí”, pod, "eze adco" ze lo pazaba. 

JUEZ: ¿Podonde?

BARÓN: Ainnnnnzzzzz... ¡poz podel zioziete, Señó Jué!

JUEZ:  ¿Zoziet...? ¡Ah, ya...! Ziga,  ziga.

BARÓN: Y ez que, zu zeñodía,  no entiendo pod qué ella, no quedía sabé nada conmigo. Por máz que lo intento y tato de dazonadlo y entendedlo, nada, puez a la vizta eztá mi podte y mi figuda, mi linaje e hidalguía… mi noble cuna… Que ya quiziedan muzias damaz de la cozte, encamadze con ezte cuerpo zerrano que tengo. 

JUEZ. ¿Cued... grrrrr,,, cuerpo zerrano?... Entradito en años, más bien, didía yo. Pod favó… abevie. 

BARÓN: Puez como le iba diziendo, aquella mujé dezpeziome todico entero miz tezoros, ¡a mí todo entedico yo!… ¡todo, todo y todo…! Todo el amod que le ofdezí, ya digo que, pod “ahí”, ze lo pazó, y la mu dezagdadezía, calabazas me dio. Dizen unoz, que zi la melancolía y la añodanza de zu tiedda, otodoz que zi yo muy mayod y ella mu jovenica… Que zi laz nochez en vela llodando la pena de zu dezgdazia… ¡Y una mieddddda!, ¡que a ezcondidaz me loz ponía, y mu bien pueztoz, aunque, la veddá es, que no me favorezían, loz cuednos, digo!... Y ez que, zu señodía, una noche, zepa uzté, la ví detozando con oto en la Cala del Contabandizta a la luz de la luna yena. Mire, pos dezulta, zeñó Juez, que… 

JUEZ: Mmmm... ezto… digo, esto se pone intedezante… ¡Cuente, cuente! 

BARÓN: Poz digo que, la mu ladina, con Manolín, mi jaddinero, a miz ezpaddas, con el ze veía… Ya ve, con un p´debeyo jaddinero azadadiado y enzima, mad pagado.  

JUEZ: Pero al parecer, bien resalcido 

BARÓN: ¡Zeñó Jueeee!... No ahínque uzté máz en la hedida, pod favó, que dezfayezco de doló… 

JUEZ: Doló en la frente, ya….(jeje) Mmmmm… bueno, y pa terminar… Total que ud mismo la despachó y matarile le dio, ¿no?  

BARÓN: Uzté divague, que yo, a do mío… Puez zepa uzté, zeñó juez, que ¿qué amod puede zopodtá, que te da jueguen y te diztaigan con falzaz dágrimaz en  zuz ojoz, pa dezpué vaya codiendoa loz b´dazoz de otdo a detozá y dizfdutá y, enzima a mi cozta?… Podque, muzio, muzio zuzpiro y penita dudante el día, pedo por laz nochezzzzz… ¡Ja!, pod laz nochez, ¡cagonlamá!, mide uzté la coña, dezían que la oían dá zuzpidos de dolor… ¿¡De doló...!? Zí, zí ¡De p´dazé, coooño!. Que aqueyoz zuzpiroz y zoyozoz edan de pudo plazé que ed jaddinedo le pdopodzionaba… ¡jodé!... Y yo, dando vuedtaz pod la pdaza, de budladedo en budladedo...

JUEZ: Bu, ¿qué?

BARÓN:Budladeeeero... ezo que zirve pa que no te pidien loz todoz.
  
JUEZ: ¡Burladero, coño!

BARÓN: Pozezo: Budladero. 

JUEZ: (¡Dió zanto!)... Ziga, ziga

BARÓN: Poz como decía, yo, deztozaico vivo, penzando en que el alma ze me modía de tidizteza y de doló pod ve a mi amada padezé en ezta caze de cdiztá, cuando la veddadeda dazón eda que eztaba colaica pod el jaddinero eze y no zolo zuspiraba por encontadze con él pod laz nochez, zino pod el ñiqui-ñiqui que echaba de menoz. Ládgrimaz de cocodilo, zu zeñodía, zolo ládgrimaz de cocodilo. y yo, zuffiendo pod ella, como alma en pena, zangando pod loz cuato coztadoz de dolod por vedla tanto zufid. ¡Qué joía la tía!  

JUEZ: Y ¡zas!...¡la mató! 

BARÓN: ¡Ah...! ¡No mazuzte uzté, coooña! 

JUEZ: ¿Cómo que no le azuzte? ... ¡Adguací, tdaiga el adma del delito! 

ALGUACIL: Ezzztoooooo 

JUEZ: ¿Ezzzto, qué?... ¡Joder!, digo… ¡¿Esssto qué?! 

ALGUACIL: Puezzzzz 

JUEZ: Puez ¿qué? 

ALGUACIL: Puez que va a ze que no.  Puez que no hay adma del delito.

JUEZ: ¡Lo mato, yo a uzté, lo mato! 

ALGUACIL: ¡Zeñor, Zeñor!... ¡qué cozasss tiene uzté! … 

JUEZ: ¡¡¡Que taigan el cadaveeeeee!!!... ¡Aquí tiene que habé un azezino! ¡Que digo yo, que alguien tengo que ajuztiziá, como me llamo Justizio! 

ALGUACIL: ¿A disho uzté cadave?

JUEZ: ¿Ze lo repito o le hago un plano? 

ALGUACIL: Eztoooo… tampoco hay… cadave. Pedo zi quiede, le pdepado una tilita pa los nedvios. 

JUEZ: ¡¡¡A loz doz, a loz doz me los cadgo en libdeta!!!

... 

De, si ella fue muerta o no por el Barón, o mandado un sicario por él… ¿quién lo sabe?. Lo que sí se sabe es, que ella desapareció y que así quedó la cosa, a pesar de que las coplillas del pueblo inculpaban al Barón, pero que al no haber cuerpo ni de la rusa, ni del delito, pues que el Barón salió libre sin cargos, por no poderse demostrar su culpabilidad. También es cierto que ya, por estos tiempos que hoy corren, a la Dama y al Barón se les ve vagar en las noches de bruma y luna pálida por los alrededores de la isla, y que alguna vez los han visto en discotecas de La Manga meneando… el esqueleto… Nunca mejor dicho. Aunque, esto último, es un decir, porque, a decir verdad, tanto el Barón como la princesa rusa, cada uno por su lado, lloran su pena. La una, ella, ¿por su amado el jardinero?, ¿por melancolía de algún amor lejano...?, ¿por morriña de su tierra?. El otro, él, lo que sí es verdaderamente cierto, es que vaga su pena por ese amor que nunca pudo conseguir: Su blanca y delicada estrella que le alumbraba su vida o, por lo menos, eso es lo que él pretendía de ella. Mas todo lo contrario ocurrió, pues en sueños de cuervos negros su pasión se convirtió, aparte de los cuernos que le salieron, y que éstos, a la locura lo llevó. 

miércoles, 27 de mayo de 2009

El Barón Benifayó y la Leyenda de la Princesa Rusa

Ya veis, de mi tierra, y no conocía la historia. Ha tenido que ser un amigo quien lo publicara en un blog... "pandillero"... de amigos de la tierna juventud, para enterarme. No he podido resistirlo y me he decidido a compartirlo con vosotros, por lo bonito de la leyenda y para general conocimiento de la concurrencia. Espero que os guste. Ya sabéis, si venís por estas tierras, podréis conocer la isla Mayor, conocida más comunmente como La Isla del Barón.


Yo soy el barón de Benifayó, y en grata hora me batí en duelo con cortesano tan relevante como fue don Diego de Castañeda, y digo fue, pues no puede serlo más después de que mi florete le atravesara el pecho de parte a parte en perfecto lance.

Murió el malhayado don Diego y quisieron los cielos que en castigo, fuese yo confinado en singular isla, nacida y reinante en el centro mismo del mar que llaman certeramente, menor. Abandonado en la isla, prendóme della y su entorno desde el primer momento en que la pisara, pues es este un lugar delicioso para la vida, lejos de la civilización, rodeado de natural belleza y de un mar como no existe otro en el redondo mundo, pues encontrándose dentro del pequeño mediterráneo, es aún más reducido, ya que la costa lo recoge para sí, cual laguna salada limitada por un largo brazo y su manga de tierra. 

Tanto me enamoré de este lugar que, terminado mi castigo y libre ya de mi reclusión, compré esta hermosa isla y trasladé aquí mi lugar de residencia, construyendo para tal uso, un palacete de estilo neomudejar, tan de moda entre los nobles a finales del diecinueve, al que añadí por mi gusto un insigne torreón, en cuyas paredes reinaba el escudo de mi ilustre casa. Y como fuera que mi fortuna era abundante y mi ánimo vivía exaltado por el bienestar en aquel idílico paraje, las fiestas se sucedían, nobles de todo el litoral acudían en galeotas y el vino y las mujeres destacaban en cada celebración, dándole una fama tan grande como depravada a estos festejos. Y fue en uno de estos bailes donde vi por primera vez, tan rubia y pálida, tan esbelta y grácil, a la princesa rusa que enamoró mi corazón conquistador. Me fue bien fácil conseguir de su arruinada familia, el beneplácito para el matrimonio, mas no el suyo, pues obligada a vivir junto a mí, cerró su corazón y perdió para siempre su vista en el mar con melancólico gesto. Mil veces la vi bajar hasta la playa de los contrabandistas, desnuda y abandonado su pensamiento entre las olas que lamían las rocas, pero ese deseado cuerpo de hembra noble, que invitados y pescadores veían con embeleso y lujuria durante los largos paseos de mi princesa, no tuvo nunca más dueño que el mismo mar. Ha pasado un siglo y mi alma ha quedado encerrada entre las ruinas del palacete que en vida fue mi morada y ahora es sólo mi cárcel. A menudo, escucho a los pescadores contar historias sobre mi amada, que dicen pereció entre mis manos y fue enterrada en secreta tumba en esta isla. El altísimo me otorgó la dádiva de no recordar en mi purgatorio tal episodio, si es que fuera cierto que así sucediera, que también pudiera ser cruel leyenda. Cuentan también que al caer la noche, se la ve aún vagar por la playa, desnuda y envuelta en un aura levemente iluminada, pero por mucho que lo deseare, por más que suplicare al cielo en estos años, yo no he podido volver a contemplarla pues, por gloria del Dios justiciero, dicen que su exquisita figura se esfuma cuando se acerca a las ruinas, envueltas en sombras, del palacio donde, como alma en pena, habito.



Un relato de Tautina Robledos.


...oooOXOooo...

Bueno, pues para el viernes, :)) a lo mejor le hacemos al Barón un juicio sumarísimo que ya lostoy cavilando.

lunes, 25 de mayo de 2009

Haiku 13

La oscuridad y la luz se encadenan día tras día a nuestras vidas. Presos por nuestras pasiones, soportamos su cansado tintineo y la presión constante a nuestros tobillos, a nuestras muñecas… a nuestro cerebro. Y nuestra alma sangra lágrimas de hiel, queriendo salir de ese ahogo que no cesa. Mas todo se soporta con el amor. Amor que se ofrece. Amor que se acepta y se recibe.


renace la hoja 
sobre la rama gris, 
la vida sigue 

 sigue la vida 

como la noche al día, 
ola constante 

 ola constante 

que a mi orilla te acercas, 
beso de vida 

 beso de vida 

siempre guiando mis pasos, 
amor querido 

 querido amor 

rompiendo mis cadenas, 
dulces abrazos 

 abrazos dulces, 

primavera a mi lado 
renace la hoja 

 renace la hoja 

sobre mi rama gris, 
la vida sigue.



viernes, 22 de mayo de 2009

Antonia y Pedro


--He tenido una niña –me decía Antonia con unos ojicos pequeños y avispaos, abiertos de par en par, irradiando una triste felicidad- Sí, pero se la han llevado. Me han dicho que no, que no era una niña, que me habían operado de una cosica de nada, pero yo sé que he tenido una niña, pero no me la han dejado ver. No he podido siquiera cogerla en brazos. 

Antonia y Pedro eran un matrimonio mayor… mayor de ochenta años cada uno. A Pedro, de toda la vida le gustaba bailar… Era el clásico bailón incluso a sus edad de ochenta y tantos años. Era un bailón irrefrenable. Escuchaba música y enseguida se agarraba a una “nenica” y se marcaba unos pasicos. Un día ingresó Antonia en el hospital afectada de un cáncer en el vientre, más grande que una naranja… La abrieron y enseguida la cerraron.

Abrieron las puertas de sus entrañas y una brisa suave avivó el brillo de la muerte.

Estaba muy malica y Pedro entristeció, tanto, que a las dos semanas lo ingresaron a él también. Lo pusieron en la misma habitación que a su mujer para que estuvieran junticos. ¡Claro!, cómo iban a separar al matrimonio. 

Últimamente, Pedro se encaraba con algún que otro amigo porque: “Ten cuidado, que estás mirando mucho a mi mujer, eh?”… Sí, y es que se preocupaba porque su Antonia todavía, a sus ochenta y tantos años, estaba de muy buen ver, decía él, y no era cuestión de que ligaran con ella. 

Pedro, como he dicho, ingresó en el hospital al poco de ingresar su esposa. Ingresó debido a su tristeza, aunque una sonrisa, de vez en cuando, le asomaba por la comisura de los labios. 

--Pedro, amigo, te acuerdas de mí? Y a Pedro se le limitaba una sonrisa sin decir nada. 

Antonia y Pedro permanecían el uno junto al otro en la misma habitación.

Antonia y Pedro eran dos extraños que, al llegar él, no se reconocían el uno al otro. Antonia y Pedro, antaño esposos y amantes, él bailongo y ella complaciente, permanecían la una junto al otro sin conocerse. Apenas algo más de medio metro entre cama y cama, pero les separaban kilómetros de olvidos. Les separaba la senectud, el paso inmisericorde del tiempo, el archivo de la memoria, que se les había perdido la llave. 

Un día, Pedro se marchó, como dice el poema, "ligero de equipaje". Quién lo dijera que, entrando ella primero a la antesala de la luz, fuera él quien corriera el primero como polilla a la farola. 

--Ese señor ya no está, se ha ido. -decía Antonia- Yo también me iré pronto a mi casa con mi hija, que no me la han dejado siquiera, abrazarla. Y a los pocos días de marcharse Pedro, Antonia se marchó también con él. Los dos juntos, a poco más de un paso, el uno de la otra.

No, no se marchó ligera de equipaje. Se marchó de la mano de su hija, la que nació en el hospital y ni siquiera se la dejaron ver ni abrazar.