Sinceramente, he pasado unas buenas fechas
navideñas: Navidad, Noche Buena, Año Nuevo, Reyes. He estado despreocupado del
mundo, hasta cierto punto, casi sin telediarios ni prensa. Y recién entrado en Enero,
recuerdo que pensé: ¿Y este año, cuántas serán? ¿Cuándo acabará esta violencia
de género? Y de repente, un frío se apoderó de mí. La bombilla de la habitación
comenzó a parpadear. Fue todo tan extraño... sentía, como si alguien llamara a
mi cerebro. Sí, sí, "toc-toc"... ¡Sí, dentro de mi cerebro! Abrí y allí
estaba ella:
--Hola,
Guillermo
--Hola, ¿quién
eres? -pregunté algo alterado. La verdad es que me asusté un poco al ver su
aspecto-
--Mi nombre da
igual. Soy una de tantas mujeres que murieron el pasado año. Mi marido, me
quería tanto que... Toma -y me entregó un manuscrito
--¿Y esto?
-pregunté
--Una mujer que
ha tenido más suerte que yo. Vive en una casa de acogida para mujeres
maltratadas.
--¿Y?
--Pues que lo
publiques en tu blog, hijo, que pareces tonto.
Me quedé que no sabía qué hacer, y más ante su
respuesta.
--Vale, sí, lo
publicaré, no te preocupes -respondí por inercia.
--No, si yo ya
no tengo por qué preocuparme de nada. ¿Ves?, estoy muerta.
--Ya, ya te
veo. Lo siento.
Una mueca de
medio sonrisa se esbozó en sus labios.
--No lo sientas
por mí, ya es tarde. Siéntelo por las que aún están vivas y quizás este año les
toque morir.
Y tal como
vino, desapareció. Noté una ligera brisa en mi mejilla. No lo sería, pero
juraría y pondría la mano en el fuego afirmando, que era como un pequeño beso.
Me toqué la zona con mis manos y al mirar mis dedos, había sangre en ellos. Desdoblé
el manuscrito, y así decía:
Hola, soy mujer y dedico
estos versos a quienes, a jirones, destrozan los amores: Los amores de sus
hijos, los de sus esposas.
Hoy he vuelto a visitar
los rincones de tu alma.
Nada nuevo que recordar.
El vacío se instaló
hace tiempo en mis entrañas,
y por más que intento ver con compasión
aquellos momentos,
solo encuentro dolor en mis adentros.
En mi cerebro
solo aparece
el vuelo de guerra de tus manos,
el collar de tus dedos a mi cuello,
el baile frenético de tus pies sobre mi cuerpo,
las saetas de tus palabras en mi corazón clavadas.
Una corriente de frío
penetra en mis venas
cuando lo recuerdo.
Mis mejillas palidecen
y se escarchan,
al acariciarlas mis lágrimas.
Un velo negro, arenoso,
rasga mis ojos,
y mi alma solo ansía
olvidarse de aquel horror:
Olvidarme de tí.
.....ooOoo.....