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miércoles, 9 de diciembre de 2009

El viejo gaitero. Parte II

... 

--No entiendo, señor, disculpe. –dije respondiendo- ¿Si no toca...? 

Estas palabras me salieron del alma como a empujones, ya que, como he dicho antes, aquel viejo, con su mirar penetrante y aquella voz honda, profunda como la sima de un océano, me dejó algo cortado. Petrificado. 

--Ya te he dicho, que me dejo llevar. –Volvió a responderme-. 

Se hizo un silencio gélido. El anciano imponía. Su ronca voz vibraba en mis oídos como el tañer de una gran campana de iglesia junto a tu cabeza. Y repitió: 

--Me dejo llevar. Simplemente. 

 Desorientado por su respuesta pensé que no querría conversación, así pues, decidí entrar a la taberna y tomar algo para calmarme pero, a pesar de todo, y pensando en el riesgo de ser muerto por esa mirada y atormentado hasta el final de mis días por esa voz de ultratumba, quise disculparme. 

--Perdone, no he querido ofenderle, pero al oír esa música que usted tocaba, pues eso, que la curiosidad me impulsó a preguntarle... 

--La curiosidad mato al gato —dijo interrumpiéndome en mi disculpa. 

La verdad sea dicha, aquel buen ancianito ya me estaba cargando. Ya le había perdido el miedo y el respeto, y ni su voz me sonaba a campanón de iglesia ni a ultratumba, ni su mirada me calaba gélida hasta el mismísimo tuétanos de mis huesos, ni na-da-de-na-da. Lo cierto era, ¡que me estaba sacando de quicio!

Lentamente me dirigió una mirada, y me dio un repaso desde mi remolino del flequillo hasta la punta de mis botas. Por momentos, su mirada se convertía entre inquisidora y socarrona. Parecía como si me estuviera calificando de pardillo de pueblo, o lo que es peor, de sabihondillo de ciudad. A pesar de ello, y por amor propio, volví a insistir. 

--Señor... 

¡Cómo no!... volvió a interrumpirme de nuevo. 
--Mira jovencito, hace ya muchos años, muchos, más de los que tú tienes, que vengo aquí todos los días al atardecer con mi gaita, y me dejo llevar. 

Un cierto tonillo de condescendencia en sus palabras me crispó los nervios.

--Muy bien señor, si le he ofendido en algo, usted perdone –contesté finalmente, acompañándolo de un saludo al estilo cortesano. 

Dándome por vencido entré a la taberna decidido a emborracharme. Tres pasos sobre aquellas tablas quejumbrosas y traspasé el umbral de aquella puerta también quejumbrosa. Que suelo y puerta, parecían hechos para una película de terror. Cuando de repente, me encontré en el centro de una estancia llena de mesas; con mesas llenas de jarras; con jarras llenas de cervezas... pertenecientes a personas llenas de ojos clavados en mí. Claro: el “forastero”. 

El ambiente, tenso ante mi presencia, se podía cortar con un cuchillo de monte... Me sobrecogí.

--Bu... buenas noches señores —balbuceé y tartamudeé, y giré en redondo saliendo por donde había entrado. 

Por un segundo, y al momento de girarme para salir, me sentí ridículo. Quise deshacer el entuerto y dármelas de duro, volver y apoyarme en la barra al estilo de los piratas y pedir un ron, pero ya había iniciado el primer paso para salir, y no era cuestión de demostrar dudas. La decisión estaba ya tomada. 

Estando ya afuera pensé que no sabía qué podía ser peor, o enfrentarme a las malas y serias caras de los lugareños, o a ese vejete intrigante. Cual fue mi sorpresa, cuando al mirar el sitio donde antes tocaba el viejo, solo encontré un taburete vacío y un papel con algo escrito. Era la partitura manuscrita de la melodía que tocaba. A malas penas, bajo la luz de aquel viejo candil, al pie de aquella partitura, se podía leer:

"Buscamos las respuestas en los demás, sin encontrarlas, y todas las respuestas están en nuestro interior.”

Maravillado y emocionado por el regalo, cogí la partitura y me marché a buscar albergue. Tenía que descansar, pues aun quedaban varias jornadas para Santiago.

Han pasado muchos años desde entonces, y aun guardo aquella partitura. Aprendí solfeo para poder descifrar aquellos signos escritos solamente para mi corazón. Nadie, nadie más que yo puede tocar esta melodía. Y cuando quiero encontrar aquellas respuestas que el mundo no me ofrece, cojo mi gaita e interpreto la vieja y amiga canción, y comienzo a hablar con el viento, y el viento me transporta a mis sueños. Y en cada sueño encuentro una respuesta. Es entonces, cuando me dejo llevar por aquella música, dibujando melodías en el aire. Y simplemente, no toco. Me dejo llevar.

Fin

16 comentarios:

  1. Hola, Guillermo:

    Tal vez el anciano no era otro que tu propio corazón, en él están todas las repuestas y sólo nosotros tenemos la llave para encontrarlas.

    Muy bonito relato, ojalá todos tuviéramos nuestra propia partitura.

    Saludos

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  2. Pués que buena enseñanza la de tu Gaitero.... no sólo se deja llevar, sabe que el potencial y todas nuestras respuestas están en nosotros.

    Besos y Felices Fiestas

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  3. Me gustó mucho y que bien que al fin un sabio no sea de lejanas tierras de Oriente, los tenemos aqui mismo ¡y encima con gaita!, que eso si que me pilla cerca.
    Besinos.

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  4. me he leído los dos... qué buen relatista eres...
    Un besote

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  5. Hay veces que hay que dejarse llevar, otras mejor que te digan por donde hay que circular, por si acaso...

    Besicos

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  6. mucha magia, hay magia en cualquier lugar si queremos encontrarla.

    y música.


    biquiños,

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  7. Vuelvo en otro momento, cuando lea la primera parte, mi impaciencia me llevó a leer ésta sin saber cómo empezaba la historia, eso sí, me encanta la frase que dejó escrita el viejo gaitero.
    Mi hijo toca también la gaita y se me vino a la mente que podría ser él dentro de unos años.
    Un beso, Guillermo.

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  8. Guillermo, vaya con tu vejete, músico y filósofo también... efectivamente, buscamos las respuestas en los demás y las respuestas están en nosotros mismos, una verdad solemne, ahora, lo molón de la historia es la de la partitura, esa que está escrita con notas para el corazón y que te permite hablar con el viento !que bonito!

    Un besote, ya sabes, de los gordísimos... y salud a raudales para tu ordenata

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  9. Buenasssssss... tengo el ordenata antes de lo previsto... Qué buenos amiguicos tengo que saben de ordenadores... Y va de maravilla y rápido-rápidico... jajajaja... Claro, como que este amigo trabaja y vive de ésto... bueno, tb. pincha discos.

    Paso a responder a vuestros comentarios.
    ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::


    RafaelL... Efectivamente... Nos podrán orientar, ayudar... pero los pasos decisivos los tenemos que dar nosotros... De todas formas, no siempre es tan fácil.
    un abrazo.

    Myr... y es que a veces nos inflavaloramos... nos ofuscamos en las piedrecicas del camino y no nos damos cuenta de los amaneceres.
    Besicos... de las fiestas... La Navidad... ya te desearé felicidad más adelante... ques temprano aún, no?... no!... vaaaale... jeje. ;)
    Besicos.

    Fabia... Sí. A mí es que me fascinan los viejos estos de pueblo, con su sabiduría aprendida de la vida misma... Y cuando empiezan a contar historias... como que me hago un crío.
    Besicos.

    Mángeles... los ojicos con que me lees. ;)
    Besicos.

    Belén... Pues sí, llevas razón, ya que hay situaciones jodidas, pero creo que nadie puede decidir, en última instancia, por nosotros.
    Besicos.


    Aldi... Es que la magia, cuando sale de nuestro interior... Algo grande, eh?... Y si encima lleva música... mejor que mejor... eh? :))
    Besicos.

    Irene... Vaya, un gaitero en la familia... Pero gaitero "marciano"... jajajaja... me refería a si es tipo marcial o en plan de los que con unas birritas se afina mejor... jeje ... Bueno, bueno, que a lo mejor no tiene la edad... no sé, digo yo.
    Besicos.

    apm... y, lo verdaderamente importante es que cada uno tenemos nuestra partitura original que no es igual a la otra... por mucho que nos empeñemos en "aborregarnos"... jeje
    Besicos.

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  10. Hoy tambien me dejo llevar.

    Genial, como siempre.

    Un fuerte abrazo.

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  11. No puede ser más bello, amigo. Eres genial. Felicitaciones y el abrazo de siempre.

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  12. Uff, tanta ansiedad que tenía por leerlo y ayer no hice tiempo.
    Ahora sí puedo gritar: EXCELENTE GUILLERMO! Realmente un maravilloso relato, valió la pena la espera, me voy muy muy satisfecha.
    Cariños!!!

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  13. Salvador... Vale... pro que sea para bien, eh?... jeje
    un abrazo.

    Alma... Genial tú. Gracias.
    Besicos

    Sol... Te comiste las uñas???... jajajaja... espero que no. Me llegó tu grito hasta aquí... Gracias, casi me dejas sordo... :))
    Besicos.

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  14. Es muy positivo dejarse llevar, y fluir....

    Un beso, amigo.

    PD.- Luego vuelvo con más calma, a leer tus posts anteriores, que ahora tengo que salir.

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  15. Jo, que me había perdido toda la historia del gaitero.
    Y es que a mí se me rompió el ordenador el domingo. Tú te crees?
    Ná, que el mío se solidarizó con el tuyo y se fundió tb, está claro. jajaja
    Pero menuda gracia me hizo, sabes? Cinco días sin pc... Uff, no me quiero ni acordar...
    jajaja

    Bueno, y el gaitero, pa qué te voy a contar? Me ha encantado el relato. Músico, pensador, filósofo... Una persona interesante, eh? :)


    Besos-Besicos, apañao!!!

    Pero, ale, ya estoy de vuelta.

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  16. María... Vale... cuando quieras.
    Besicos.

    Lourdes... Vaya, tú tb., eh?... jajajaja... upsss... perdón... sin risas, ques mu serio... :))
    Besicos.

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