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En Mis Rincones (barra derecha, casi al final del todo, podrás encontrar los diferentes temas que trato.


lunes, 25 de noviembre de 2019

Abrazo.8



Déjame que te achuche
largo y fuerte,
como si acabara de verte
tras años sin saber de ti.
Como si ya no te volviera a ver
jamás.
Como si la vida
se me muriera hoy.

martes, 12 de noviembre de 2019

Abrazo.7



Yo, la enredadera
que por tu piel asciendo
entre tus recovecos y rincones.
Tú, los "ojicos wapos" a conquistar.


domingo, 27 de octubre de 2019

Siempre Ahí




Yo, siempre estaré allí,
aquí, o donde tú estés.

Siempre estaré ahí,
apoyado en el quicio de la puerta
o bajo tu ventana, estaré;
o fumando un cigarro
bajo la luz de una farola.

Siempre estaré,
aunque el sol abrase
o la nieve hiele mis venas.
Aún peor,
puede que esté en la oscuridad,
apoyado en cualquier esquina
viendo caer la lluvia
sobre los adoquines.
Incluso ahí, estaré.

Siempre estaré ahí, con todo mi Yo.

.....ooOoo.....


martes, 22 de octubre de 2019

Mi querido Mar Menor

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Mi querido Mar Menor:

Me dueles más de lo que jamás hubiera pensado que me dolerías. Y por dentro te lloro, acompañado por los recuerdos de mi ayer ya lejano.

Poco a poco voy repasando cada una de las huellas que en otros tiempos dejé tatuadas y aún perduran sobre tus arenas. Son tantas..., pero las de mi infancia, por más lejanas y tiernas, tintinean más en mi memoria: ¿Recuerdas aquellas cacerías de zorros que atrapábamos con ladrillos; o el eco de las chanclas al corretear pisando fuerte por los callejones?; y los embarcaderos “mellados” de tablas. ¡La finca de Lo Pollo estaba, en el confín del mundo!. ¿Y el sano olor a algas secas, o las guerras de “moñigos secos?. Allá, a lo lejos: la raya azul, frontera infranqueable, bajo reprimenda o castigo paternal: “no te vayas más allá de la raya azul”; y cuando te decían… “No te bañes hasta que no pasen tres horas, que se te corta la digestión. Como mucho, te mojas hasta la rodilla”, y claro, ni tres horas, ni leches: “mamá, me he caído y me he mojado entero...

Mi querido Mar menor, me ensañaste a nadar en tus aguas, a disfrutar el sabor dulce-salado de un melocotón durante el baño. Y cómo me encantaba, recién comido, salir a la sombra del porche con una rodaja de sandía y mecerme en la mecedora, oyendo el murmullo de tus pequeñas olas, mientras miraba, ensimismado, la isla del varón. Y tus mañanas recién salidas el sol, tu luz y tu quietud, tus aguas lisas como “plato”, y aquellas aves, a lo lejos, como lunaricos blancos...

No, todo esto suena a añoranza de una niñez perdida, pero no, sería una equivocación pensarlo porque, aunque pareciera, no hablo de mí, hablo de ti, de lo que me has dado y lo bonito al recordarte, y de todo el agradecimiento que te debo, unido al sentimiento de rabia y tristeza por la pérdida de tu propia identidad, tristeza por verte y sentirte envejecido, moribundo, casi desahuciado, si no lo remediamos. Es, dolor de ti; de sentir tu agonía ignorada durante, tantos años..., unas veces a causa de la incultura, otras por el desprecio, pero siempre por culpa del propio hombre, por nuestra codicia, especulación y afán de lucro. Y ahora, ¿qué?

Al recordarte, el hoy invade tu ayer y te veo en una bruma miópica, sucia; pero cuando cierro los ojos, te veo limpio, sano, lleno de vida. Y me siento envuelto en tu luz ya olvidada, y me siento acunado, como cuando por las noches me dormía con las nanas de tus olas. Pero vuelvo de nuevo a abrir mis ojos, y la realidad me golpea viéndote maltrecho, viejo y decrépito, muriendo de pena y asfixia, y de desidia.

A veces pienso, que el sabor de tus aguas es el propio sabor de tus lágrimas lloradas año tras año; lágrimas lloradas por tanto veneno que te han hecho tragar, emponzoñando tu vida.  Sí, me dueles más de lo que jamás hubiera pensado que me dolerías. Y dejar que te mueras, no está nada bien. Mira, ¿sabes lo que te digo?, pues que, si “maldito el hombre que al hombre procura el mal”, no menos malditos, quienes han permitido y están permitiendo tu actual situación. Y en el fondo, todos tenemos que reconocer que tenemos nuestra parte de culpa, por unos u otros motivos.

Siento que has sido, como aquella joya, aquel gran y preciado tesoro del pirata; del pirata tonto, despreocupado e indolente, que ha ido esquilmando, dilapidando su riqueza o, lo peor, que se ha dejado robar, porque no ha sabido guardarte ni administrarte, como eso, como lo que eres: una preciosa joya, un precioso y único tesoro. Y ahora el pirata grita al cielo y se lamenta.  Y ¿sabes?  pienso que de ese pirata, todos tenemos un poco. Todos hemos sido un poco “el pirata tonto” Pero ya está bien, ya va siendo hora de empezar a ser, “el pirata listo”


Y ya me despido. Te quiero, Amigo.

martes, 8 de octubre de 2019

El Dulce Vivir Contigo

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Vivir contigo es,
el dulce vivir.
Cerrar los ojos y sentir
tus pechos a mi espalda pegados,
y amanecer, como colibrí,
en el nido de tu ombligo.

Vivir contigo es,
alimentarme del néctar de tus labios,
cuando me besas.

Es, el dulce vivir,
sentir lo que sólo yo sé
que siento por ti.

Y es el vivir entre las nubes blancas
de tu cielo azul,
en la serena y calmada brisa
que acaricia mi piel,
en nuestras noches de Abril.

.....ooOoo.....

lunes, 30 de septiembre de 2019

Haiku.48


Se abrió una brecha en el cielo, y los pájaros de plata, con sus brillantes destellos aparecieron revoloteando. Fue la brisa nocturna, antes contenida, ahora un derroche de generosidad, la que en el lienzo negro de la noche pintó todo de alegría. Allá abajo, resuenan las algarabías entre campanillas y panderetas. Allá arriba, sobre la montaña, el chamán saluda y da las gracias. El infinito universo asiente.






dormita el sol,
entre cañaverales,
luna callada


miércoles, 25 de septiembre de 2019

Abrazo.6



En esos momentos
en los que trato de abarcarte
toda tú,
me doy cuenta
que no puedo
todo lo que deseo.
Y es entonces
que desearía ser
un oso grande
de peluche.
Y que te perdieras por todo mi yo.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Una aguja en el pajar. (Abuelo, yo no seré así)


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   –¿Qué lees, abuelo?
   –Pues mira, un librito que hace tiempo leí y anoche lo encontré entre carpetas y documentos olvidados.
   –¿Y de que trata?  
   –Precisamente de eso.
   –¿De qué, abuelo?
   –Pues de eso, de olvidos.
   –Ah, ya, de cuando eres mayor y se te olvidan las cosas, ¿no?
   –Bueno, no precisamente. Trata de sentimientos.
   –¿Y qué son los sentimientos?
   –La tristeza es un sentimiento, la alegría es otro...
   –¿Me lees un poco?
   –A ver, a ver… Venga, por aquí mismo.
   Y comenzó a leer:
 “Nos empeñamos, a veces, en guardar tan bien las palabras... Tan escondiditas, tan bien protegidas las ponemos, para que no se pierdan y nos duren en el tiempo, que cuando vamos a buscarlas no las encontramos y pensamos: Maldita mi suerte que no encuentro lo que busco, que no consigo recordar cual fue el lugar donde la puse. ¿Dónde, maldita sea, puse aquel ”Te quiero”, aquel “Te amo”? ¿Dónde aquellas palabras amables y sinceras de cariño? Pero si ella sabe que yo las tengo guardadas y muy bien guardadas, ¿para qué enseñárselas ahora?, ¿para qué estar continuamente sacándoselas?, ¿para qué? ¿para que se echen a perder? Ella sabe, que esos "te quiero", esos "te amo", esas tantas palabras bonitas, sólo son para ella y para nadie más. Y ahora me dice, que la situación en la que estamos, requiere que tenga que demostrarle que sí, que sí las tengo, y resulta que no las encuentro. A estas alturas ya, es como encontrar una aguja en un pajar. Y por más que quiero demostrarle y demostrarle que la quiero, que mi amor por ella no ha cambiado, me pide que le enseñe aquel “Te quiero”, aquel “Te amo” con que la enamoré. Que no le valen los que ahora le enseño, que quiere los originales. Maldita sea, ¡y no los encuentro!” Alguien, alguien me las ha tenido que esconder. Pero, ¿quién?
    –Bueno, yo creo que con esto ya es suficiente. ¿Qué te ha parecido? 
   –Abuelo, ¿las palabras se pueden esconder?
   –Bueno, es una forma de expresar una idea, igual que cuando decimos lo de “¿se te comió la lengua el gato?”, cuando le preguntamos a alguien algo, y no nos contesta.
   –Ah, ya.
   Aquella cabecita empezó a cavilar. El abuelo sonrió, pensando si su nieto, debido a su corta edad, sería capaz de digerir aquella lectura y, justo en el momento en el que iba a levantarse de su sillón para ir a darle un vistazo a la abuela...
   –Abuelo, yo no seré así.
   –Ya lo sé, sirvergonzón, que pareces una lapa abrazado a la abuela, y que te la comes a besos cada mañana, cuando tus padres te traen y se van a trabajar. Venga, revisa la cartera, que Juana está al llegar para quedarse con la abuela mientras te llevo al colegio.
   Y el abuelo se levantó y fue a ver a la abuela. Allí estaba ella, tranquila, con la mirada fija en la pared, y respirando vida a través de su “mascarita”.

jueves, 15 de agosto de 2019

Años


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Hay años que, a veces,
simplemente los matamos.
Otras,
los asesinamos,
quedándoseles una mirada,
tan triste,
como amante insatisfecha
cargadita de reproches.
En cambio, hay años
que los disfrutamos
como si de una tarta
de cumpleaños se tratara.

Hay años
que nos vienen repletos
de cosas bonitas,
acariciándonos
dulcemente el corazón.
Que nos abrazan el alma.
Que los disfrutamos
como niños con zapatos nuevos.

También hay años
que se nos pasan
sin pena ni gloria,
sin oropeles ni fanfarrias,
sin toques de trompetas,
sin fuegos artificiales.
Como si nada.
Sin nada que contar.
Y otras veces los años,
se nos hacen,
tan largos...

En cambio, otros,
se nos pasan volando:
<<¡Oye, que estamos en Verano
y hace unos días
estábamos en Navidad!>>.

¡Qué barbaridad!

Pero a veces,
de esas veces
que no queremos
que de "esa manera" nos quieran,
los años nos vienen a querer.

Nos vienen a comer.

Y nos comen las entrañas
y hasta la propia vida.  

Nos agasajan con achaques,
a partir de cierta edad.

Es propio de la edad,
propio de los años.

Y así, entre año y año,
los años van pasando.
Y en todos esos años,
los nuestros,
navega nuestra historia,
que no es más
que nuestra propia vida.
Eso sí,
cargada de años.

Y conforme pasan los años,
mientras por un lado
la vida se nos amontona en la mochila
cargada de vivencias,
experiencias y recuerdos,
por el otro lado,
se nos va acortando,
frente a ese cristal empañado
que nos impide divisar
lo que los próximos años
nos traerán:
El futuro incierto y desconocido.

¿Y la Parca?
¡Ay!, sí, esa que ni saber de ella queremos.
Sí,
esa que cada año que pasa,
cada vez más se nos acerca.
Esa, que cada año,
poco a poco,
cada vez más cariñosa,
se empeña en nosotros.
Y de nosotros,
cada vez más enamorada.

¡Y qué amor!
¡Un amor sin condiciones!

Es el único amor
que siempre acierta
cuando dice:
mataría por amor.
Y ¡joder!
cuando se empeña…
Es que se empeña.
Vamos, que no hay manera
de quitárselo de la cabeza.

Y es que,
la muy puñetera,
sabe que no tenemos escapatoria
ni remedio alguno.

Ella sabe  que su amor es,
eterno.

Qué lejos estamos
de aquella juventud
en la que cada uno,
a sabiendas o no,
hemos jugado
alguna vez
con la muerte.

¿Es que nadie, jamás,
consciente o inconsciente,
no ha jugado
alguna vez
con la muerte?

Qué ironía,
que llegado el momento,
sea ella
la que, alegre,
juegue con nosotros.

Y a todo esto,
¿por qué os hablo, de todo esto?
¿Tal vez,
porque han pasado ya,
tantos años,
que hoy toca
hablar de la muerte?

Será la edad
que no perdona
y nos acerca,
poco a poco,
a la salida.

…..ooOoo…..

miércoles, 7 de agosto de 2019

Haiku.47

Juguetonas y molestas corren las gotas de sudor por mi frente empapando mis ojos. Juguetonas y jodidamente molestas, se regocijan las gotas de sudor por mi nuca y por mis sienes. Todo mi cuerpo, bañado en sudor, anhela una ducha fría, pero este sopor, este sueño que no deja que despierte, me aprisiona a la vieja butaca de brillante y acharolado poliéster, como si de un posesivo y celoso amante se tratase. Y yo, humilde esclavo de su amor y sus caprichos, sucumbo a sus encantos, y a mi narcolexia.



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cantan las ranas,
se preparan los grillos
para el concierto